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jueves, 24 de septiembre de 2015
sábado, 25 de julio de 2015
Cuando un adiós es para siempre
"Te digo adiós para toda la vida aunque toda la vida siga pensando en ti "
Vivimos acostumbrados a despedidas. El adiós
se vuelve una constante cuando pasan los años, una parada irreversible en el
tiempo sin una fecha de regreso. Muchos de nosotros sucumbiremos en el dolor
que supone abandonar a alguien y viviremos el resto de nuestras vidas
estigmatizados, marcados por el poder que el tiempo nos impone; otros, sin
embargo, sólo dejaran que la vida fluya, como transcurren los años, los meses y
los días. Pero si hay algo de lo que podemos estar seguros, es que cuando el
adiós nos elige, un sabor amargo enturbia ese abrazo o ese agitar de manos que
con melancolía, recuerda que ya nada volverá a ser igual.
Muchos de vosotros recordareis esas mañanas
en el colegio cuando con 3 o 4 años, os aferrabais a los brazos de vuestros
padres para no bajar a un suelo donde todo era nuevo: la vida se abría paso en
la inocencia de la niñez. Por delante quedaban horas que compartir con gente
desconocida, en un lugar extravagante por nuestra experiencia y confuso, repleto
de niños de diferentes edades y numerosos adultos. Fue entonces cuando
aprendimos que la despedida no es una necesidad, sino más bien un deber, del
que no podemos huir ni escondernos. Pero poco a poco ese niño o niña fue
creciendo y descubriendo que en la apariencia de una despedida, tan sólo había
un “hasta luego”. Nuestro mundo no acababa ahí, todo era una mera parada en
nuestro camino. No un punto final sino más bien, una coma. Así, las paradas se
fueron repitiendo una tras otra en el alba de cada mañana, las comas fueron
poblando nuestra hoja en blanco. Con buena letra, la aventura se escribía con
cada paso que dábamos.
Pero todo no iba ser tan sencillo como se
muestra en la infancia. Al finalizar el colegio descubrimos que el pasar de los
años nos empuja a algo mucho más profundo, un naufragio a la deriva donde sólo
tenemos claro lo que sucedió, aquello que ya no es, porque lo que puede ser,
todavía habita en nuestra imaginación. Destapamos la caja de la verdad para ver
que no sólo existen “hasta luegos”, sino también “adiós” tan auténticos y
reales que nunca más volveríamos a pisar donde hasta ahora, habíamos pisado
siempre. Quizá muchos abandonaron el colegio sin ser conscientes de que ya no
habría vuelta atrás, y emprendieron nuevas aventuras sumergidos en la ilusión
de un nuevo comienzo, convencidos de que lo mejor estaba por llegar. ¡Siempre
hemos deseado lo que no tenemos! Crecer cuando somos niños o parar el tiempo
cuando llega la vejez. Y no es hasta que te cruzas de bruces con la realidad del
mundo exterior, cuando te das cuenta que el mundo del que deseabas escapara
para crecer, era un universo perfecto. ‹‹¡Qué tiempos en los que tenía todo
hecho y no debía preocuparme!››, pensarán algunos, sin darse cuenta de que esa
aventura en nuestro camino, ya finalizó hace tiempo; y puede que no todos, le
diéramos la despedida que se merecía.
Así pasarían los años, viviendo en la promesa
de un ir y venir de “hasta luegos” y “adiós” que se compensarían con nuevos
lugares que descubrir, otras personas que conocer e inéditos naufragios en los
que aventurarse. La historia se repetía en un retorno cíclico: compañeros que
despedir cuando acababa el curso o la temporada; viajar y compartir nuestro
verano con la gente cercana; volver a despedirse del sol, la playa o el cálido
sentimiento de la cercanía; otro curso o temporada…. Muchas veces cargados con
nuestras maletas; otras, cargando el corazón de sentimientos. Pero cada vez que
mirábamos la estación de tren, bus o el aeropuerto, intentábamos recordar que
en lo que parecía irreversible, sólo era
un “hasta luego”. No obstante, siempre lo hemos sentido como una parada frente
al abismo de la nada, en el borde de un acantilado donde se asoma el vacío, empujados
por un tiempo que nos martiriza en cada movimiento que hace. Porque cuando
parte de nuestro mundo se queda en tierra, nuestro universo se vuelve un poco
más pequeño.
Todavía nos quedaría por descubrir la mayor
aterradora de las verdades. Un hecho que bañaría aún más, de amargura esas
despedidas. De desconcierto y desolación. Porque a veces los viajes no conducen
a una nueva ciudad o un nuevo continente, sino a una tierra prometida. Siempre
dolerá más que aquella persona de la que nos despedimos en medio de la
aventura, de ese amor o esa amistad que fue una estación pasajera. Siempre
dolería más porque aquella persona que nos abandonaría para siempre, sería
alguien cercano con el que compartimos momentos que quedaría grabados en
nuestro interior eternamente. Un último adiós es doloroso, injusto, pero no
deja de ser una nueva oportunidad para sentir de nuevo a esa persona. Compartir
sus últimos latidos, sentir su respiración. Sentirlo vivo porque en nuestro
corazón, prometimos que viviría para siempre.
En ese momento abrimos los ojos para ver que
hay una verdad desconocida, que causa mudez hasta en el más avispado, porque la
estación donde paran nuestras vidas es común para todos y a la vez, tan
desconocida como nuestro origen. Aunque la verdad tan aterradora como os decía,
fue descubrir que cualquier “adiós” o “hasta luego” podía convertirse en una
despedida sin retorno, en un adiós al más allá. Nunca sabremos cuando será la
última vez, ni siquiera, si tendremos la oportunidad de despedirnos. Por eso
cada vez que pensamos en la amargura de una despedida, deberíamos recordar la
dulzura que subyace en ese abrazo o agitar de manos porque al menos, tuvimos
una nueva oportunidad para sentir de cerca a esa persona. El destino nos brinda
una nueva oportunidad que no podemos desaprovechar. La despedida será eterna si
en nuestro interior, habita el vivo recuerdo de que lo sentiríamos por siempre.
sábado, 4 de julio de 2015
Os lo debemos
Estoy convencido de que si Platón o Aristóteles volvieran
del más allá y observaran el panorama actual, se llevarían las manos a la
cabeza. Serían incapaces de comprender el trato a un pueblo que tanto nos ha
dado, aunque no seáis conscientes de ello.
Haciendo un breve viaje por las aportaciones griegas al
mundo y aunque parezca irónico, encontramos la MONEDA. Es cierto que fue inventada en el siglo VII
antes de Cristo en Lidia, un pequeño reino de la costa de Anatolia, pero fueron
los griegos quienes realmente comprendieron su utilidad y expandieron su uso a
todo el Mediterráneo. También son invención griega la primera moneda única
europea, cuando en el 449 antes de Cristo Atenas ordenó que las monedas
extranjeras fuesen entregadas a la ceca ateniense y forzó a todos sus aliados a
adoptar su divisa, el dracma.
Sonará curioso y nuevamente irónico, pero también debemos a
los griegos la DEMOCRACIA. A los antiguos griegos nuestros sistemas
democráticos actuales les parecerían tiranías (y quizá se lo parezcan hoy a
muchos griegos modernos). La razón es que la democracia griega no era representativa, sino directa, nadie delegaba su voto. Además, otra de las
grandes aportaciones fue la FILOSOFÍA. Grecia
nos enseñó a cuestionarnos el porqué de las cosas, a preguntarnos por nosotros
y por las cosas que nos rodean, dando a luz a la Filosofía. Seguramente no será
algo que os sirva para triunfar en programas como “Sálvame” o llenar las
portadas de la prensa rosa, pero a aquellos que la descubristeis, seguramente
os ayudó a crecer como personas. Podéis sentiros unos afortunados, gracias a
filósofos como Platón, Aristóteles o Sócrates todavía tenemos neuronas
útiles. Gracias a la filosofía
aparecerán más tarde otras formas de pensamiento, como la ciencia (conocida hasta
el siglo XVIII como filosofía natural). Su valor para Occidente es
incalculable.
También les debemos parte del teatro, como la TRAGEDIA. En
un principio tenía una función religiosa, como parte del culto al dios
Dionisio, pero pronto se convirtió en un espectáculo de entretenimiento. Otra aportación importante se produjo con las
MATEMÁTICAS. Seguramente muchos se quedaron sin comprender muy bien algunos de
los teoremas y su aplicación en su vida diaria. Pero, ¿cómo sería el mundo sin
el Teorema de Pitágoras, sin la geometría euclidiana, o el Teorema de Tales? Más
bien, sería inimaginable.
Os voy a pedir un favor. Mirad a vuestro alrededor un
instante y observar cuantos de los objetos que os rodean no gozan ni de un
mísero tornillo. Pues bien, el TORNILLO, aunque generalmente se le atribuye a
Arquímedes de Siracusa que la habría desarrollado en torno al 300 antes de
Cristo, el precedente estaría en Arquitas de Tarento, el alumno más brillante
de Pitágoras y buen amigo de Platón. Dicen que en el año 2000, el Journal Of
Hydraulic Engineering, un importante periódico de ingeniería, propuso un
estudio para mejorar los parámetros del diseño del tornillo. Acabó llegando a
la conclusión que el diseño de Arquímedes no era perfeccionable. Para tomar
conciencia de su importancia, ¿imagináis que ocurriría si desaparecieran todos
los tornillos del mundo? Más de uno caería de culo al suelo en este momento.
También otras tantas otras aportaciones como LAS OLIMPIADAS,
en el deporte o esas noches con la familia o amigos degustando una PIZZA. ¡Sí,
la Pizza! Aunque es conocida como una comida italiana, ¿sabíais que la pizza
era originalmente griega? No del
territorio que hoy llamamos Grecia (y que en realidad habría que llamar la
Hélade), sino de las colonias griegas del sur de Italia y Sicilia (lo que se
llamaba entonces la Magna Grecia). Pizza significa pan en griego, aunque para
ser más exactos, es la pronunciación italiana de la palabra griega pita.
Seguramente ahora en verano os apetezca una DUCHA fría
cuando el mar o la piscina no están cerca. Pues bien, como queda reflejado en los jarrones helenos,
esta invención nació en los gimnasios griegos del siglo IV antes de Cristo. Por último recordar otros como la NOTACIÓN
MUSICAL (fueron los primeros en ver la necesidad de una notación para escribir
la música) y EL HELADO BLANDO. (el de máquina que se sirve en forma helicoidal,
precisamente como un tornillo de Arquímedes y que fue supuestamente inventado
por Thomas Carvelas, un humilde emigrante griego a Estados Unidos.) Ah sí, y
¡los DADOS! Al menos eso escribió Sófocles, que atribuía su invención a
Palamedes de Argos. ¿Quién no ha jugado alguna vez a la oca o al parchís? Qué
sería de la infancia sin estas cosas…
No deberíamos olvidar que detrás de una deuda económica no
sólo residen números, no sólo hay bancos y negocios; en el fondo de toda esta
maraña aguarda un lado humano, millones de familias que esperan con
desconcierto el futuro de un pueblo que ha sido y será la cuna de Europa. La lucha de varias generaciones se quiere
hacer temblar por un juego sin sentido, un sistema en el que o juegas al mismo
ritmo que los demás, o estás afuera. Recuerdo la vez que oí a un Pediatra decir
que estaba “cansado de un mundo en el que los adultos se comportan como niños”.
Qué irónico, ¿no? Eso parece cada vez que oímos la palabra “corralito”, como al
niño que lo apartan por no jugar al mismo juego que el resto.
Niños acompañan a sus madres cada mañana a los cajeros para
sacar los 60 euros diarios para poder comer. Todo se paraliza. Las viejas
generaciones se llenan de incomprensión mientras las nuevas, de incertidumbre. ¿Dónde
queda todo lo luchado hasta entonces? ¿Dónde quedan los ahorros que tantas
familias habían confiado a un sistema que ahora les da la espalda? No importa
ser de derechas o de izquierdas, no importa que el partido sea nuevo o viejo,
no importa que triunfe un Sí o un NO. Del lado humano, entendemos todos; pero de cuál es la mejor opción para el
futuro del pueblo, ni el más entendido puede asegurar el acierto.
Desde el blog queremos mandar un mensaje de solidaridad con
el pueblo griego, a toda esa gente inocente que ahora se ve involucrada en un
juego macabro que no eligieron. Sois un ejemplo de valentía, soportando la presión
cuando medio mundo pone la mirada en vosotros mientras que otros apartan los
ojos de su responsabilidad. Podrán someteros a gran presión, podrá reinar la
información confusa y la desinformación, podrán pediros que saldéis la deuda
económica; pero siempre los endeudados seremos nosotros, por no poder pagar
todo lo que nos habéis dado como continente tanto cultural como
intelectualmente. Es algo a lo que jamás podrán ponerle precio…otro de esos
tesoros invisibles.
domingo, 12 de abril de 2015
El Comienzo de la Victoria
Ningún comienzo es fácil,
pero no hay nada imposible. No podemos asegurar nada, pero nadie podrá
arrebatarnos esas ganas de seguir soñando. Esto, que comenzó como una aventura,
se convirtió en una dulce travesía, un largo camino que te atrapa y del que no
quisiera escapar.
Es difícil explicar cómo se
puede escribir sin saber precisamente eso, escribir. No llegaría a los 4 años
cuando, sentado en una silla, narraba aventuras de personajes inventados,
mientras la grabadora inmortalizaba cada palabra y mi madre lo plasmaba en
hojas para que yo pudiera recordarlo tiempo después. Quizás uno ya nazca con
esa semillita que te empuja a sembrar para que algún día, en un recóndito lugar
de este inmenso mundo, pueda brotar eso que habita en ti. Seguramente sea una
de tantas cosas que se nos son dadas y no elegimos, un regalo que nos llega sin
esperar nada a cambio; no puedo ocultar lo agradecido que me siento en este
sentido.
Uno pone el interés y la
ilusión; el tiempo, que tanto nos tortura por momentos, en este caso se encarga
de hacer el resto. Cuentos, historias, redacciones y un intento de libro se
cruzaron en mi camino hasta que finalmente di con la obra en cuestión. Bueno,
más bien, uno siempre trata de buscar ese cruce, de tentar a la suerte,
desafiar al azar. No se si bien o mal, pero lo cierto es que a los 16 años
comencé a narrar la historia que hoy os presento, y aunque la acabé dos años
después, pasaron varios años hasta que lo pasé de aquel viejo cuaderno al
ordenador y me decidí a publicarlo. Desde el blog me gustaría compartir con
vosotros algunas de las preguntas que me han hecho:
¿“El comienzo de la
victoria”? Por una parte esto no deja de ser un comienzo para mí. Pero más allá
de este sentido, la obra trata de buscar una reflexión sobre la vida, nos sumerge en una historia donde todo es el comienzo de todo, " porque todo empieza cuando crees que ha acabado". Cada acción tiene su debida consecuencia y aunque a veces deberán pasar años
hasta poder ver los resultados, siempre es grato dejar buenas intenciones en el
mundo. Más allá de lo que muchos creen la victoria nunca llega cuando todo va bien; el trofeo, el mérito o la felicidad
es sólo una consecuencia a tu valiente actitud. ¡Qué importante es avivar la llama de la ilusión y soñar despierto! Pero entonces, ¿Cúando llega el comienzo de la victoria? ¿Qué significa? ¿Por qué llamaste así a la obra? Os invito a que lo descubráis en el trasfondo de la obra.
A lo largo de la novela encontraréis el drama y el humor mezclado en diferentes fases de la historia, pues como en la vida misma, la alegría y la tristeza se fusionan de manera indistinta en cada una de nuestras vivencias, no habitan por separado; la muerte no es más que un mero recuerdo de cuán importante es vivir de manera intensa. El protagonista iniciará una búsqueda hacia la verdad de la vida y de su vida en sí, guiado por las pautas que marcará una extraña mujer que representará el misterio de la vida, pues esta nunca deja de sorprendernos.
¿Por qué el protagonista se
llama Tordo Ibáñez? Muchos me han hecho esta pregunta entre risas cuando les he desvelado el nombre
del protagonista. Es cierto que no es un nombre común y resulta algo gracioso
al pronunciarlo, pero la explicación es que precisamente buscaba algo
totalmente diferente para que la gente
no la pudiera asociar a una persona real. En este sentido me gustaría destacar
que LA NOVELA NO TRATA DE MI VIDA, aunque muchos buscarán ciertos parecidos y
harán comparaciones. Mi consejo es que no perdáis el tiempo comparando y sacando
conclusiones donde no las hay, porque aunque es verdad que algunas vivencias de
la juventud han inspirado algunas de las escenas y personajes que aparecen en
la novela, LA HISTORIA ES TOTALMENTE INVENTADA Y LOS PERSONAJES NO SON REALES.
Ahora eso sí, ¿alguien conoce a algún Tordo Ibáñez? El protagonista será el
Tordo Ibáñez de Madridejos, un personaje peculiar y único.
Antes de finalizar esta
entrada, me gustaría hacer una parada especial. Quisiera agradecer a todos los
que han hecho posible este libro, tantas personas que me han ayudado a madurar
en lo personal y todos los lugares que han inspirado mis historias. Mención
especial a mi pueblo, Madridejos, que me ha visto crecer y es el lugar donde se
desarrolla parte de la historia. Pero también a otros lugares como Ribadesella, Bournemouth, Alcázar de San Juan y Oviedo que aparecen en la novela. En este sentido me parece muy
importante agradecer, yo sólo soy un nexo entre la vida y las palabras. Mérito
ninguno. Gracias de nuevo.
Por último invitaros a
descubrir la vida de Tordo Ibáñez, espero que os guste y además de
entreteneros, sirva para algo. No me gusta escribir en vano, siempre busco
dejar una enseñanza o una reflexión a modo de moraleja, algo así como un cuento
pero un poco más grande. Aún queda mucho que mejorar, que crecer, porque nunca
dejamos de aprender. Me encantaría que me acompañarais en esta aventura.
¿Estáis listos? Bienvenidos.
Ejemplares disponibles por internet en
Editorial Círculo Rojo, Amazon, Papelería Arcos, Papelería Cervantes o contactar conmigo.
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http://editorialcirculorojo.com/el-comienzo-de-la-victoria/
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